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Historia das Augas de Mondariz – Balneario

11 Maio, 2016

A la distancia de 5 leguas hacia el Sureste de Pontevedra, capital provincial, se hallaba el término municipal de Mondariz, perteneciente al partido judicial de Puenteareas a una legua de distancia. Lo separaban 25 leguas de La Coruña, audiencia territorial, y 4 de Tuy, su capital diocesana.

En dos de aquellos lugares de Mondariz, Troncoso y San Pedro, brotaban las aguas que nos ocupan. La fuente de Troncoso surgía en el paraje denominado por los vecinos Saidoiro, en el lugar del que adoptó su nombre. La fuente de Gándara lo hacía en el lugar de San Pedro, en la aldea llamada Chan de la Gándara (de ahí su nombre, en los campos llamados Vega de Selmo). Ambas fuentes distaban entre si unos 800 metros, y del núcleo parroquial (Mondariz) aproximadamente 1 Km. Al amparo de las mismas nacieron las Instalaciones balnearias que fueron denominadas, en su conjunto, como la parroquia a que pertenecían, esto es “Establecimiento Balneario de Mondariz”.

A partir de 1924—1925 y hasta nuestros días, lo correcto es apuntar que las aguas de Mondariz surgen en Mondariz—Balneario, capital del ayuntamiento de igual nombre.

Sin embargo, en la década de 1920 a 1 930 los territorios ocupados por el Balneario dejaron de pertenecer a la parroquia que le habla dado su nombre.

Al calor del Establecimiento, dada su popularidad e importancia, en 1921 el lugar de Troncoso se convirtió, inicialmente, en parroquia independiente con el nombre de “Nuestra Señora de Lourdes”, segregándose así de Sta. Eulalia de Mondariz.

Hacia 1936 el nuevo municipio comprendía cuatro entidades: Gándara, Troncoso, Pazo y San Pedro ; posteriormente y hasta el presente, las dos primeras entidades, donde brotaban las fuentes, fueron agrupadas y constituyen la capital o núcleo del municipio, denominándose de igual modo que éste, es decir Mondariz—Balneario . Por ello a partir de 1924—1925 y hasta nuestros días, lo correcto es apuntar que las aguas de Mondariz surgen en Mondariz—Balneario, capital del ayuntamiento de igual nombre.

Situado en el centro del valle del alto Tea, dos ríos configuran el límite Norte y Este del segregado término municipal Mondariz—Baineario, asiento del Balneario, el referido Tea al Norte, que posee una longitud de 35 Km. y su afluente el Xabriña (o Chabriña) al Este, que si bien antes apuntábamos desembocaba en el Tea cerca de la parroquia de Vilar, a partir de 1924 se debe decir que desemboca en el término municipal de Mondariz—Balneario y en sus riberas se extiende el núcleo de San Pedro; su longitud es de 1 5,5 Km. Varios arroyos existen en el Municipio, destacando el antes citado Valdice que pasa por las instalaciones del Gran Hotel y desemboca en el Tea.

 

En 1917, García de la Riega seguía afirmando el uso de estas aguas ‘en tiempos antiguos para el tratamiento de diversas dolencias’. De nuevo se basaba en los mismos indicios, pero en esta ocasión era más explicito y categórico en sus observaciones.

De la existencia y utilización de las aguas de Mondariz no hemos encontrado datos fidedignos anteriores a 1848.
Los hallazgos arqueológicos en las tierras aledañas al Balneario demuestran la antigüedad del poblamiento de estos lugares. Si se conocían o se empleaban las aguas de Gándara y Troncoso en épocas remotas es algo del todo desconocido, que por otra parte tampoco hemos encontrado reseñado por ningún autor. Mucho más popular es la utilización de las virtudes terapéuticas del agua mineral por los romanos. A la época de la dominación romana
se remontan los orígenes de gran cantidad de ‘termas’ o balnearios distribuidos por toda la geografía española; este pueblo dejó también multitud de manuscritos en donde se refería el beneficioso uso de las aguas minerales.

Y si bien no lejos del Balneario que nos ocupa existen otros que datan de aquellos tiempos, que sepamos hasta la fecha nadie ha podido demostrar que estas aguas fuesen ya empleadas por las gentes de Roma. Sin embargo, algunos autores especularon con tal posibilidad, entre los que destaca D. Celso García de la Riega. Especialmente interesado en dilucidar los antecedentes históricos de las Aguas de Mondariz García de la Riega, en la primera década del presente siglo y como resultado de sus indagaciones, escribía que las aguas de Gándara y Troncoso:

… hubieron de ser conocidas en antiguos tiempos, á juzgar por algunos indicios. Aparece el nombre de Búrbida en el itinerario de una vía militar romana que cruzaba el río Tea <Tena) por un puente sobre cuyos estribos se construyó el actual Cemadela, y la distancia desde la estación precedente (Tude, Tuy) se cumple casi exactamente en dicho puente; el nombre Búrbida, al que sustituyó después el de Bonisana, según el Ravenate, tiene indudable analogía con las palabras bosbo<Ión, borbotón, borbotar, burbuja, etcétera, derivados del verbo griego borboruzoo <asi lo dice el Diccionario de la Academia>, cuyo significado cuadra a la explosión de burbujas que ocasiona el desprendimiento del gas carbónico libre en el agua. Este fenómeno muy bien pudo ser observado y originar el nombre de Búrbida; algunos objetos romanos descubiertos en las inmediaciones y restos muy antiguos de cañería hallados cuando se hicieron en el siglo último las primeras obras de alumbramiento en la fuente de Gándara, dan verosimilitud a la expresada conjetura.
Los variados y trascendentales sucesos, ocurridos en el transcurso de los siglos, sepultaron sin duda en el olvido unas aguas que, por el atraso de las ciencias, no podían obtener tanta fama y tanta aplicación como las termales, muy utilizadas por los romanos, según es sabido…’

Los anteriores párrafos aparecían publicados en 1 908 ; años después, en 1917, García de la Riega seguía afirmando el uso de estas aguas ‘en tiempos antiguos para el tratamiento de diversas dolencias’. De nuevo se basaba en los mismos indicios,
pero en esta ocasión era más explicito y categórico en sus observaciones. Explicaba como el nombre de Son/sana sustituyó al de Búrbida; esta última se habla identificado como la tercera mansión de la cuarta vía militar de Braga a Astorga que constaba en
el Itinerario del emperador Caracalla, documento redactado a principios del siglo III (218 después de Cristo); Bonisana, cuya identificación no se habla verificado aún, aparecía en la lista de ciudades galaicas registradas por el Anónimo de Rávena (siglo VII).

Si Tude y Tu-oquia eran las mansiones anterior y posterior a Sorbida en dicho Itinerario, las mismas lo eran con respecto a Bonisana según el Anónimo del siglo VII, luego ambos nombres tenían que corresponder a un mismo lugar, como así lo conjeturaba un ‘sabio geógrafo alemán’ comentarista del repetido Anónimo. Continuaba García de la Riega observando cómo la palabra Sorbida procedía de dos lenguas distintas aunque originadas por un mismo tronco aryo: burbu, vocablo céltico, y
borboruaso, griego, ambos comprendidos como raíces del verbo borbotear y por tanto del sustantivo burbuja, según rezaba entonces las dos últimas ediciones del Diccionario de la Real Academia de la Lengua.

 

 

¿Estuvo Búrbida asentada en algún lugar de Mondariz?

Por ello seguía manteniendo que Sorbida fue así denominada por hallarse situada en algún lugar de la ribera del río Tea, en donde se observaba la subida de múltiples ‘burbujas’, igual que sucede en Troncoso, y no como los ‘geógrafos modernos” sostenian, que sin tener en cuenta estas consideraciones situaban Sorbida en la parroquia de Borben, guiándose tan sólo por la similitud filológica de ambas voces; además, a su entender pasaban por alto que la distancia en millas romanas entre Tuy y Barben no concordaba con la consignada en el Itinerario entre Tude y Sorbida —dieciséis millas romanas—, pero que tal distancia se cumplía exactamente en un lugar cercano al puente de Cernadela. Quiénes situaban la mansión romana, Sorbida, en Barben olvidaban asi mismo que tal mansión figuraba con el nombre de Sorevene en los documentos de la Edad Medía —siglo Xl y XII—, acusando una etimología muy alejada de la atribuida al apelativo latinizado Búrbida.

García de la Riega continuaba argumentando:

La residencia, aunque de paso, de las legiones y funcionarios romanos en la mansión oficial Búrbida, hubo de originar la creación de un oppidum~ del cual queda supervivencia de relación en el nombre ‘Coto de Ciudade’ <Coto de la Ciudad), existente en el término jurisdiccional, y es de presumir que, estudiando el hecho de las burbujas en el río, se verificaron experiencias medicinales e investigaciones del curso del manantial o manantiales que producían aquel efecto, dando así lugar a su explotación y al desarrollo del grupo de población urbana, que más adelante tomó el significativo nombre de Bonisana, en el cual se compendian las excelentes condiciones topográficas y climatológicas de Mondariz, y las raras virtudes de las aguas minerales. No hay posibilidad de identificar con cualquiera otro lugar ese nombre de la ciudad galaica, registrado por el Ravenés, según queda dicho…’

¿Estuvo Búrbida asentada en algún lugar de Mondariz?, el anterior autor no lo mencionaba, otros la situaban en Borben, en el ayuntamiento de Pazos de Borbén . Filgucira decía que habla quien la situaba en Redondela , pero en definitiva el único hecho innegable, es que el pueblo romano anduvo por estos lugares, lo cual no deja de dar cierta base a la posibilidad del uso terapéutico de los manantiales en aquellos días.

…Por tradición, en el país se creía que las aguas de Gándara eran utilizadas ya en la Edad Media por los moradores del cercano castillo feudal del Sobroso y que en las luchas con los del castillo de Sotomayor fueron destruidas estas termas. Incluso no tendría nada de extraño suponer que Mondariz hubiese figurado entre los muchos baños destruidos en España por orden del rey Alfonso VI, tras la batalla de Uclés (1108), según contemplaba la Crónica General .

Entre los autores que afirmaban ambas cuestiones cabe citar al Dr. Alfonso Tobio Iglesias; éste, en una gula de balnearios pontevedreses, escribía:

‘…En la Edad Media, los habitantes del castillo feudal de Sobroso utilizaban las instalaciones termales de Mondariz, que fueron destruidas posteriormente por orden del Rey Alfonso VI, después de la Batalla de Uclés en 1108’.

Sin embargo, no señalaba en base a qué podía afirmarse. Así mismo, Taboada Leal en 1877 indicaba que según ‘le habían dicho’ al practicar algunas excavaciones en el lugar de Gándara se descubrieron restos de bañeras y los habitantes del país creían que tales bañeras hablan sido usadas por los habitantes del castillo de Sabroso, que luego fueron destruidas a consecuencia de la guerra sostenida entre su dueño, Pedro Madruga, y otros señores de castillos inmediatos. Entre las varias publicaciones que hemos encontrado en donde tal posibilidad era contemplada se halla la Geografía del Reino de Galicia (1936) de Alvarez Limieses .
Arranguiz,  escribía en 1921 que en torno a 1878 indagando la historia de estos territorios, buscando en ‘crónicas, cronicones y escritas de los siglos IX, X, Xl y XII’, habla hallado en la catedral de Tuy una interesante escritura del año 1 170 firmada por el rey Fernando II, en donde más claramente que en otras se confirmaban las posesiones del antiguo señorío del obispo de Tuy,
reseñándose las tierras e iglesias que le pertenecían, entre las cuales se contaban las del Balneario. Decía que en la citada escritura constaba que al pie del castillo de Sobroso habia una villa llamada U/baria y al lado del rio Tea (entonces Tse) otra nombrada  Sta tana de Cumeal, reconocida también con el nombre de Salain también se mencionaba una fuente llamada de Guntín en Ulbaria y la existencia de las ruinas de una antigua ciudad.

Según Arranguiz, por el nombre, esencialmente romano, la ciudad al pie de Sobroso debió existir en los tiempos de la dominación romana y ser perfectamente conocida como puerta en la margen de una calzada, al otro lado del Tea y como paso por ella desde Tude a Lucus.

Podría ser que la antigua ciudad Ulbaniam fuese destruida en el siglo V, cuando la irrupción bárbara dio fin a la civilización romana y que se erigiera después otra Ulbaniam a su lado, lo que significaría, por qué no, que las aguas de estas fuentes pudieron ser conocidas por los romanos. No obstante, según decía sólo intentaba demostrar que estos lugares tuvieron una gran relevancia y estuvieron densamente poblados hacia los siglos Xl y XII .

Siguiendo a algunos autores, en el verano de 1 282 en Mondariz—Balneario, antes Troncoso, celebró sus bodas D. Dionisio I de Portugal con la infanta Isabel de Aragón, hija del rey D. Pedro III, más tarde conocida como Sta. Isabel de Portugal.
Entonces Troncoso ténía categoría de populoso burgo (siglos XII al XIV), pero el motivo por el que fue elegido este lugar para las bodas se decía no ser conocido con seguridad. Entre las múltiples hipótesis barajadas para justificarlo se hallaba la de que la infanta padeciese algún trastorno de la salud que motivase su interés por las aguas de Troncoso o Gándara. Consta que por la época referida pasó muy larga temporada en la ciudad de Compostela, residiendo en una calle que llevaría su nombre: calle de la Rainha.

Se conservaba la capilla en la parte baja del caserón que la alojó y seguía manando la fuente mineral que allí existía desde mucho antes de habitar Isabel en los departamentos superiores. Se afirmaba también que después de casada volvió varias veces a Troncoso. Troncoso debió ser un gran burgo para poder albergar la doble comitiva que necesariamente acompañarla a los infantes.

Quienes así opinaban tampoco podían explicar por qué degeneró este burgo hasta convertirse en la pequeñísima aldea que era a mediados del XIX. Quizá los muchos terremotos que desde finales del siglo XV hasta fines del XVIII azotaron la superficie de esta provincia fueron los responsables de la modificación y la disminución en importancia de esta villa, al menos así opinaban los autores de tales comentarios.

 

 

Independientemente de conocer o no el Diccionario de Madoz, o su empleo habitual por los lugareños, todos los autores consideraban que las aguas de Troncoso se ‘descubrieron’ hacia 1862 y las de Gándara unos nueve años después.

Conocidas en la antigüedad o no, cayeron en el olvido y ni siquiera se citaban en la Descripción Geognóstica del Reino de Galicia del inspector de minas D. Guillermo Schultz, publicada en Madrid por Real Orden de 1835.
La primera publicación en la que las hemos encontrado citadas es el Diccionario Geográfico—estadístico de España y sus posesiones de Ultramar de D. Pascual Madoz, cuya primera edición data de 1 848, y dice:

‘MONDARIZ (STA. EULALIA): …Hay en el térm. 2 fuentes de aguas medicinales que producen muy buenos efectos á los dolientes que las beben: la que se halla á orillas del r. Tea es nitrosa y sirve para curar enfermedades cutáneas; y la del barrio de San Pedro ferruginosa, facilita la digestión y abre el apetito. Como no se ha hecho análisis de estas aguas, ni los hab, de esta
felig. han dado publicidad á las virtudes que encierran, no podemos hablar con mas estensión de ellas’.

Es fundamentalmente a principios del siglo cuando comienza a citarse como antecedente histórico . Independientemente de conocer o no el Diccionario de Madoz, o su empleo habitual por los lugareños, todos los autores consideraban que las aguas de Troncoso se ‘descubrieron’ hacia 1862 y las de Gándara unos nueve años después. Si bien no se puede hablar de un auténtico descubrimiento en tales fechas, si es entonces cuando comenzaron a cobrar vida, por expresarlo de alguna manera; se generalizó tanto su conocimiento como su empleo y se realizaron los primeros análisis químicos.

Se aceptaba unánimemente que el manantial de Troncoso fue descubierto hacia 1862 por el sacerdote D. Domingo Blanco Lage  81809—1886) , natural de esta feligresía. Del sacerdote se decía que era hombre muy observador.

Algunos autores contaban que D. Domingo observó como los labriegos y pastores con enfermedades de la piel iban a bañarse a la charca de Uhagón (Troncoso) para curar sus lesiones, pues a su vez hablan comprobado como mejoraban ‘las costras y heridas” del ganado que se metía en dicha charca.

El sacerdote al advertir la mejoría experimentada por estos lugareños sospechó que tomadas en forma de bebida podrían también poseer algún efecto curativo y decidió probarlas, convenciéndose a raíz de ello de que tenían propiedades especiales. Otros referían que este hombre tenía la costumbre de pasar largos ratos en la orilla del río Tea, allí observó como un viejo y asqueroso perro’ que solía bañarse en una fosa que había excavado con las uñas al cabo del tiempo mejoró de aspecto. Tanto le intrigó este hecho que llenó algunas botellas con agua de la charca para llevarla a analizar y saber sus propiedades.

Como no habla tenido la precaución de separarlas de las del río Tea este primer análisis dio pobres resultados; extrañado, mandó analizar después otra muestra que recogió cuidadosamente del lugar donde brotaban, el resultado ahora fue como él esperaba.

Sobre este descubrimiento el testimonio más detallado que hemos encontrado, y quizá el más fidedigno por estar redactado tan sólo quince años después, es el de D. Nicolás Taboada Leal.

Antes de comenzar su relato este autor aclaraba que se limitaba a exponer los datos que le hablan comunicado personas respetables del país dignas de todo crédito; refería cómo siendo D. Domingo estudiante, atravesaba diariamente el río Tea para dirigirse a El Vilar, la parroquia vecina en donde residía su
profesor de gramática latina.

Uno de aquellos días advirtió que salían gran cantidad de burbujas entre la arena del suelo del manantial del Saidoiro. Este fenómeno llamó tanto su atención que se decidió a probar el agua de la que emergían. Al beberla notó ‘el sabor astringente y el picor que producen en el paladar, cosa que suele ocurrirle a todos los que las beben por primera vez’, y sospechó que se trataba de un agua mineral distinta de la potable. No obstante, aunque no se olvidó de “esta agua”, transcurrió algún tiempo hasta que volvió a ocuparse de ella.

Cuando ya era sacerdote pasaba gran parte de su tiempo Libre leyendo libros de medicina y buscando recetas y fórmulas de medicamentos para algunas enfermedades —ya mencionábamos esta afición—, e incluso ideó algunas fórmulas, entre ellas y principalmente ‘un colirio para las curación de las oftalmias, una agua eficaz para las llagas o úlceras rebeldes y un tónico corroborante para combatir la debilidad y dolencias del estómago’.

Tras el asesoramiento de médicos respetables, comenzó a administrar estas fórmulas gratuitamente entre sus feligreses y vecinos, sabiendo que aún en el caso de no mejorar su enfermedad tampoco les perjudicarla. Obtuvo algunas curaciones y la fama de ‘los específicos del Sr. Cura” atrajo incluso a enfermos de las comarcas cercanas; uno de estos, D. Francisco Ferradanes, vecino de Corujo, se le presentó un día suplicándole que le administrase el tánico que él confeccionaba para las dolencias estomacales, ya que había probado múltiples medicamentos sin obtener resultados. Este hombre se hallaba “sumamente demacrado, escuálido y de un color térreo”, padeciendo desde hacía meses intenso dolor de estómago, vómitos, inapetencia…

Además, comentó al sacerdote que en el caso de que su tónico no le mejorase, estaba decidido a tomar las aguas de Monzón en Portugal. Domingo al ver el estado en que se encontraba comprendió que su tónico no le seria útil. Como el Sr. Ferradanes le mencionase las aguas de Monzón recordó las del Saidoiro (Troncoso) cuyas propiedades aún desconocía y quizá llevado por la intuición, o en el fondo por el deseo de experimentar las aguas, aconsejó a este vecino que tomase las del Saidoiro.

Además recogió agua en algunas botellas y se las mandó al farmacéutico de Puenteáreas, O. Antonio Alvarez, para que las analizase. El farmacéutico las encontró idénticas a las de Verín (Orense) y Vichy (Francia).

El hombre así lo hizo y de manera asombrosa cuando sólo hablan transcurrido tres días estaba mucho mejor. Al mes se encontraba completamente curado. Este hecho le empujó a recomendar su bebida a otros paisanos con dolencias de estómago.

Además recogió agua en algunas botellas y se las mandó al farmacéutico de Puenteáreas, O. Antonio Alvarez, para que las analizase. El farmacéutico las encontró idénticas a las de Verín (Orense) y Vichy (Francia).

El descubrimiento comenzó a divulgarse y la noticia de las “maravillosas aguas” llegó a oídos del obispo de Tuy, D. Telmo Maceira, quien dispuso que el doctor en Farmacia O. Antonio Rodríguez Bustillo y el médico O. Ramón Parcero, ambos profesores en Tuy, se acercaran al manantial para reconocer y examinar las aguas; éstos confirmaron la opinión del Sr. Alvarez.

El párroco no del todo satisfecho con estas opiniones, para ser más riguroso, encargó en 1864 la realización de otro análisis químico a los que fueran rectores de la Universidad de Santiago, los Sres. catedráticos de Química, Casares y de Medicina, Teijeiro. Con ello es seguro que pretendía la garantía científica en que basar la aplicación terapéutica del agua. A partir de la realización de este análisis se iniciaron por parte del párroco los primeros acondicionamientos de la fuente para el aprovechamiento de las aguas.

Estos primeros pasos siguieron un camino muy arduo. No contando D. Domingo con más ayuda que la suya propia, mandó construir un caño y un pilón en el lugar de dicho manantial, e incluso el corto sendero que a él conducía. Fracasó en el intento de convencer a los lugareños para que reformaran y habilitaran sus viviendas como futuro albergue de enfermos, que sin duda acudirían; los campesinos, como es de entender, desconfiaron de la rentabilidad de esta empresa e incluso se negaron a vender parcelas que algunos ‘capitalistas” intentaron comprar con el fin de construir buenas viviendas.

Se dispuso la construcción de un tipo pequeño de botellas para envase, empezó la exportación de agua, permitiéndose al público llenar vasijas al pié de la fuente por el módico precio de 25 céntimos de real

A principios del siglo XX se presentó como prueba en un litigio una instancia que al parecer D. Domingo dirigió a ese ayuntamiento en 1870; en dicha instancia el Sr. Cura se manifestaba descubridor de la fuente en 1862, detallando las vicisitudes que hubo de pasar para analizar, acondicionar y dar a conocer sus aguas.
Desafortunadamente no contamos con la instancia original pero sí con su transcripción según consta en una publicación de 1905.

Los autores que hemos consultado afirmaban que dicho sacerdote encargó los primeros análisis de las aguas, les dio publicidad y se encargó personalmente de su primer acondicionamiento.

Del certificado que expidieron aquellos catedráticos, mandó imprimir unas 200 copias, que siguiendo a algunos autores las repartió entre sus compañeros de Ministerio , aunque otros decían que las distribuyó a las personas que venían a hacer uso de las aguas, particularmente a los médicos de la provincia y la región; así conocidas, los médicos las fueron recomendando a aquellos pacientes que presentaban “dolencias’ para las cuales las encontraban indicadas, y los enfermos fueron acudiendo de todas partes.

Por otra parte, parece bastante verosímil el argumento de D. Domingo plasmado en la referida instancia, teniendo en cuenta que su solicitud de ayuda económica para mantener la fuente coincidió exactamente con la revuelta época de la regencia de Serrano, en que estando la nación depauperada se suspendió el pago de obligaciones y el clero dejó de percibir sus haberes.

El Ayuntamiento consideró justa y obligada su petición y trece días después acordó en Pleno remitir a su vez la instancia original de D. Domingo junto con su informe favorable a la Diputación provincial, a fin de que esta última se dignase otorgar al Sacerdote lo solicitado, pues que tal permiso no cabía en sus atribuciones . Siete días más tarde el Alcalde cursó los trámites acordados ; la Diputación autorizó a D. Domingo para cobrar esa cantidad por el embotellado y ordenó al Ayuntamiento que invirtiera este capital en la conservación de la fuente.
Carecemos de más datos referentes a D. Domingo Blanco Lage . Ni siquiera conocemos si siguió encargándose de la fuente pasado el verano de 1870.

Según el segundo Médico Director del Establecimiento, el Ayuntamiento incautó el manantial y separó a D. Domingo de la tutela del mismo, arrendando su cuidado y explotación por una cantidad de 500 pesetas anuales; también escribía que tuvo un tercer arrendatario, D. Manuel Alvarez, quien asociado a un droguero de Vigo, el Sr. Pardo, dispuso la construcción de un tipo pequeño de botellas para envase, empezó la exportación de agua, permitiéndose al público llenar vasijas al pié de la fuente por el módico precio de 25 céntimos de real, sirviendo como vigilante del manantial su hijo Francisco, a su vez padre del que fuese administrador de la planta embotelladora hacia 1 920 .

Sin embargo, otros sostenían que en los presupuestos municipales de Mondariz entre los años 1862 y 1873 no se consignó la menor partida por ingresos ni para gastos del manantial, ni tuvo empleado que vigilase la aplicación de las aguas.

Tampoco se pagó contribución al Tesoro por el aprovechamiento de éstas, ambas cosas prevenidas en la Real Orden de 22 octubre 1853, vigente en la época . Con lo que cabe deducir que durante estos años solamente hicieron uso comunal de la fuente los enfermos, sin que nadie más que Blanco se ocupara de la misma, al menos hasta aquel verano de 1870. No obstante, el tema de la administración de la Fuente de Troncoso en el pasado siglo, particularmente durante los años de 1870 al 73, es muy complejo y oscuro. Conseguir su propiedad fue motivo de un larguísimo pleito entre el Ayuntamiento y los propietarios de la otra fuente; en este litigio se argumentaron versiones totalmente contrarias respecto a su administración y cuidado.


Foto Wkipedia //Estevoaei

Si bien la historia de estas aguas comenzó el día que O. Domingo Blanco halló el manantial de Troncoso, o por lo menos se encargó del mismo, la verdadera historia del Establecimiento Balneario de Mondariz se inició con el hallazgo, o interés por la fuente de Gándara por parte de D. Enrique Peinador, y sobre todo, con la consecución de la Declaración de Utilidad pública en junio de 1873.

Entre 1870 y 1872 llegó a Mondariz el licenciado en Medicina y Cirugía D. Sabino Enrique Peinador Vela (1847—1917), del que se decía que ‘descubrió’ el segundo de los manantiales, el de Gándara. El mérito de este hombre, siempre en compañía de su hermano el licenciado en Derecho O. Gumersindo Ramón, estribó en ser el primero que dio aplicación a las aguas con arreglo a los reglamentos sanitarios de entonces, hizo su análisis y obtuvo la declaración de Utilidad pública junto con su concesión, en definitiva fue el creador del Gran Balneario de Mondariz.

No hemos encontrado ningún argumento que ponga en duda estos hechos. Mora, en cuanto a cómo, cuándo y por qué llegó a Mondariz existen diversas opiniones.

Siguiendo la versión que el Dr. Pondal, primer Médico oficial del Establecimiento, daba en 1877, la fuente Gándara fue descubierta en 1872 por D. Enrique Peinador “quien acompañado de un ingeniero recorrió la cuenca hidrográfica de esta comarca y ambos encontraron esta fuente”, en su origen una charca excavada en la tierra vegetal; en tal estado inspeccionaron el manantial e invitaron a hacerlo también al médico hidrólogo D. Isidoro Casulleras, todos estuvieron de acuerdo en opinar que se trataba de aguas ‘fuertemente mineralizadas’ .

Algo parecido se leía en un artículo que aparecía publicado en 1910 en el periódico del Establecimiento, según el cual D. Enrique, en cumplimiento de una misión facultativa, visitó en 1871 gran número de fuentes mineralizadas de la provincia de Pontevedra deseoso de conocer la riqueza hidromineral de su país natal.

Formado el expediente que ordenaba el artículo 72 del Reglamento provisional de Baños y Aguas Minerales de 29 septiembre 1871, el 22 febrero 1873 D. Ramón Peinador, hermano del aludido ‘descubridor’, solicitó que se les concediese autorización para la apertura del ‘Establecimiento de aguas minerales acidulo alcalinas carbónico—ferruginosas de Mondariz’ en el lugar de Chan de Gándara, que se declarasen de Utilidad pública y se les permitiese el derecho de aprovechamiento de la filtración que brotaba en las orillas del río Tea, todo ello en atención a que la proximidad de la capital del municipio, y aún la del partido judicial, asegurarían a los concurrentes el cómodo alojamiento. A la anterior solicitud fue adjuntada una Memoria histórica—científica referente al manantial de Gándara .

El 16 de junio de 1873 el Gobierno de la República, por orden del ministro de la Gobernación, declaró de Utilidad pública las aguas que nos ocupan, autorizando al tiempo su explotación a los Sres. Peinador.

Si bien la historia de estas aguas comenzó el día que O. Domingo Blanco halló el manantial de Troncoso, o por lo menos se encargó del mismo, la verdadera historia del Establecimiento Balneario de Mondariz se inició con el hallazgo, o interés por la fuente de Gándara por parte de D. Enrique Peinador, y sobre todo, con la consecución de la Declaración de Utilidad pública en junio de 1873.

Texto extraído de HISTORLA DEL BALNEARIO DE MONDARIZ HASTA 1936

Autora: María Jesús del Castillo Campos


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