Xelmírez y Compostela

Hay un dato que es incuestionable en Compostela, hay un antes y después, y este se produce tras la figura de Diego Xelmírez.

Creció a la sombra del obispo Diego de Peláez, quien también fue figura importante en Compostela y quien comenzó con las obras de la basílica románica en 1070, que posteriormente proseguiría su discípulo Xelmírez, quien sufraga con parte de su patrimonio las costosísimas obras de la catedral. Esto al final terminará convirtiéndose más bien en una inversión, ya que con la construcción de la catedral se asentarán gremios en la localidad y se establecerá una pequeña burguesía, sobre la que el obispo Xelmírez cobra impuestos, con lo cual a la larga, resulta ser un buen negocio.

Este obispo será el percusor de que Santiago se convierte en un gran centro religioso pero también político. Consigue una gran influencia con sus considerables dotes diplomáticas, a tal punto que a partir de precisamente Xelmírez, los reyes españoles se dirigían a los arzobispos compostelanos con el tratamiento “Padre mío y Pontífice de todo el orbe”.

A Diego Xelmírez se le debe la concesión de Año Santo Compostelano, convirtiéndose Santiago en el más importante centro de peregrinación y cristiandad en Occidente.

Bajo la influencia del arzobispo compostelano, Santiago crece de manera muy importante urbanísticamente. Bajo sus órdenes se construye la cripta donde se encuentra el apóstol, prácticamente se acaba la gran obra sobre el año 1120. Pero su proyecto abarca también la restauración y levantamiento de numerosas iglesias, el primer hospital de peregrinos e incluso hasta la conducción de las aguas de la ciudad que, llegará prácticamente a las puertas de la catedral para uso de los miles de caminantes que peregrinaban a Compostela.

Mucho de lo que sabemos de Xelmírez lo sabemos gracias a “La Historia Compostelana”, crónica que él mismo mandó escribir para dar mayor gloria a Santiago de Compostela y a su propia figura. Se sabe de él que pertenecía quizá a la pequeña nobleza gallega, escalando puestos bajo la protección como hemos mencionado antes de Diego Peláez. Su familia asciende socialmente y concentra poder. Xelmírez será uno de los obispos más poderosos de toda la historia de Compostela, gracias entre otras cosas a la sede compostelana, la cual recauda grandes cantidades de dinero.

Tanto poder y riqueza despiertan envidias, y tiene numerosos enfrentamientos con otros nobles, burgueses y hasta con la monarquía, como es el caso de la Reina Urraca que le hizo acabar en prisión.

Debido a sus muy buenas relaciones con la Orden de Cluny (ellos siempre le apoyaron), lo liberan y esto mismo volverá a repetirse cuando se produce un enfrentamiento con Alfonso VII.

Otro dato importante es que fue el impulsor de los nuevos astilleros españoles en Pontecesures para construir una flota que protegiera las rutas por mar a Santiago.

Lo que está claro, es que Xelmírez era gallego, aunque existe cierta controversia sobre su “galleguidad”; una de las cosas de las que se le acusa es precisamente de la partición de Galicia y de crearse en los territorios del sur el reino de Portugal, todo ello por conseguir que Santiago fuera el primer lugar por excelencia en importancia eclesiástica de España.

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